Monica Rosenberg, psicóloga y neurocientífica: “Existe una enorme desconexión entre lo que sentimos que está sucediendo y lo que realmente está sucediendo”

Uno de los grandes temas que desvela a la comunidad científica son los cambios en la capacidad de atención humana sostenida, tanto desde perspectivas psicológicas como desde la neurociencia, para medir los efectos de las distracciones en nuestro cerebro.

La psicóloga y neurocientífica de la Universidad de Chicago en Illinois, Monica Rosenberg, se consagró ganadora del premio 2026 Young Investigator Award, entregado por la Sociedad de Neurociencia Cognitiva para reconocer los aportes de los investigadores más jóvenes, que se embarcan en el desafío de estudiar el órgano más complejo y enigmático del cuerpo humano.

Graduada con dos doctorados, en neurociencia computacional y neurobiología, actualmente enseña como profesora adjunta de psicología en la universidad de Chicago.

Mónica Rosenberg se especializa en la neurociencia cognitiva. Foto: https://psychology.uchicago.edu/

Un artículo de la revista Nature destacó los hallazgos de Rosenberg, centrados en desarrollar modelos que predicen la atención y la cognición a partir de datos de neuroimagen funcional, con el objetivo de investigar cómo fluctúa la atención a lo largo del tiempo y cómo interactúa con el resto de la mente.

Qué es el “entorno digital gratificante”: las recompensas para el cerebro

Cada generación se ve afectada por las nuevas tecnologías y los estímulos constantes del entorno. “Ahora estamos en la era digital, donde tanto la cantidad de información disponible como la velocidad de acceso a ella han cambiado”, afirmó Gloria Mark, psicóloga de la Universidad de California en Irvine, quien monitoreó durante dos décadas a trabajadores de oficina que utilizaban diariamente computadoras.

Uno de los factores claves tiene que ver con la naturaleza de las distracciones que compiten por nuestra atención, que también fueron cambiando.

“El entorno moderno no solo impone distracciones, sino que nos bombardea con alternativas que ofrecen recompensas más inmediatas”, indicó Mark.

Las personas cambian de tarea con tanta frecuencia y reajustan su atención cada vez más rápido, incluso sin darse cuenta. “Si las alternativas son realmente gratificantes y de gran valor para el cerebro, entonces será muy difícil centrarse en otra cosa que vaya a requerir un esfuerzo más subjetivo”, argumentó Michael Esterman, neurocientífico de la Universidad de Boston en Massachusetts.

“Las notificaciones, los mensajes y las publicaciones en redes sociales proporcionan al cerebro ráfagas de validación social, novedad e información”, agrega Mark.

Qué impacto tiene el uso de pantallas y la interactividad. Foto ilustración Shutterstock.

De ahí proviene el concepto de “entornos digitales gratificantes”, que podrían estar alterando nuestros hábitos de atención, incluyendo la tendencia a distraernos aún en ausencia de distracciones evidentes.

Las fuentes de interrupción no son exclusivamente externas, como el sonido de un mensaje entrante. “Es casi tan probable que las personas se interrumpan a sí mismas como que sean interrumpidas“, explicó Mark.

El grupo de expertos comprobó que cuando las interrupciones externas disminuyen, las internas suelen aumentar. Ese patrón sugiere que la distracción y el cambio constante de atención pueden volverse un hábito y provocar una mayor fragmentación de la atención.

Los resultados sugieren que las personas cambian de tarea con mayor frecuencia que en décadas anteriores, y que este cambio suele ser perjudicial para el rendimiento.

El uso de celulares, desde que despertamos hasta que nos dormimos. Foto ilutstrativa Shutterstock.

Pero entonces, ¿si logramos eliminar las distracciones del entorno, es posible recuperar la concentración?. Ese es el interrogante que los neurocientíficos intentan responder, porque todavía hay poca evidencia de que la capacidad fundamental del cerebro para concentrarse se haya visto afectada.

La preocupación científica no es solo la duración de la atención: cómo impacta en nuestro desempeño también importa

“Hay muchísimas personas que afirman sentir que no pueden prestar atención, dicen que se distraen constantemente, que su atención salta de una cosa a otra y que no pueden concentrarse”, afirmó Nilli Lavie, neurocientífica cognitiva del University College de Londres.

En una encuesta de 2021 realizada a más de 2.000 adultos del Reino Unido, de la que participaron profesores, estudiantes y trabajadores, casi la mitad afirmó sentir que su capacidad de atención era menor que antes.

En 2025, cuando la novelista Elif Shafak cuestionó por qué las charlas TED se estaban acortando, el argumento fue que “la capacidad de atención promedio mundial se redujo”.

No son hechos ni datos aislados los que menciona la prestigiosa revista científica. “Creo que existe una enorme desconexión entre lo que sentimos que está sucediendo y lo que realmente está sucediendo”, sostuvo Rosenberg.

La investigadora realiza una distinción entre la capacidad de atención de las personas, es decir, la habilidad intrínseca para concentrarse en una tarea específica, con respecto a su comportamiento en el mundo real, aquello en lo que realmente se enfocan en cada momento.

Las múltiples tareas y los estímulos constantes, presentes en el entorno digital.. Foto: Pexels.

“La capacidad de prestar atención es el resultado de varios procesos cerebrales: la atención sostenida, la capacidad de mantenerse concentrado en una tarea durante un tiempo prolongado; la atención selectiva, la capacidad de priorizar cierta información e ignorar el resto; y el control ejecutivo, la capacidad de dirigir la atención hacia un objetivo en lugar de hacia lo que resulte más tentador”, detalló Rosenberg.

Cuando hablan de “alto valor” se refieren a un punto de vista personal de cada ser humano, donde su experiencia, su historia de vida y su personalidad componen su percepción de qué contenidos merecen su tiempo y cuáles no.

No se trata tanto de que la biología humana haya cambiado, sino más bien de un cambio en los hábitos. Y la cuestión es hasta qué punto esos hábitos son reversibles”, indicó Nelson Cowan, psicólogo de la Universidad de Missouri en Columbia.

En otras palabras, los científicos consideran que la capacidad de prestar atención aún la tenemos como una característica propia de nuestra estructura cerebral, pero lo que está cambiando es cómo nos desenvolvemos ante las distracciones y qué tipo de impacto tienen en nuestro desempeño en las tareas que hacemos todos los días.

Las distracciones del mundo real

En términos científicos, la capacidad de atención humana se mide en condiciones de laboratorio controladas, donde se evalúa el desempeño en una tarea a lo largo del tiempo.

Los voluntarios observan una pantalla que muestra secuencias de letras y formas y tratan de identificar cambios específicos. Numerosos estudios de laboratorio revelaron cómo el rendimiento disminuye generalmente a los diez minutos.

El multitasking digital, tanto el trabajo como en casa. Foto Shutterstock.

Pero el patrón de disminución no es uniforme: incluso ante una atención aparentemente fuerte hay fluctuaciones naturales, con momentos de buen rendimiento, lapsos y recuperación.

Pruebas adicionales demuestran que proporcionar un entorno distractor, como reproducir sonidos de bebés llorando y perros ladrando, empeora el desempeño de las personas en tareas cognitivas. Esto sienta las bases para comprender las distracciones en el mundo real.

Quienes afirmaron consultar con frecuencia varios medios de comunicación simultáneamente obtuvieron peores resultados en las pruebas de atención selectiva, mostrando mayor dificultad para filtrar la información irrelevante.

En esto punto, las interpretaciones de estos resultados no son unánimes. Las correlaciones podrían reflejar simplemente que las personas con diferentes tendencias atencionales tienden a cambiar de enfoque con mayor frecuencia.

Por ahora, las observaciones científicas no demuestran que el entorno digital haya alterado causalmente sus cerebros. No existen datos convincentes en pruebas de laboratorio que respalden la idea de que las personas se han vuelto menos capaces de concentrarse.

Aunque los diagnósticos de trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) han aumentado en los últimos años, los investigadores atribuyen este incremento al acceso a la evaluación y las prácticas diagnósticas, más que a un cambio interno en la capacidad de atención de las personas.

La capacidad de atención frente a las pantallas, según la ciencia: 47 segundos

Los estudios de Mark, la psicóloga mencionada anteriormente, se basan ​​en la observación directa y el seguimiento digital. La duración promedio de la atención a una sola tarea disminuye constantemente. “Sabemos que la capacidad de atención frente a las pantallas ha disminuido notablemente”, señaló.

Mark se dedicó a medir con qué frecuencia los trabajadores cambian entre tareas, como abrir una nueva pestaña del navegador, revisar un correo electrónico y pasar de un documento a otro, así como revisar el celular.

A mediados de la década de 2000 observó que los trabajadores pasaban aproximadamente dos minutos y medio en promedio en una tarea específica en pantalla antes de cambiar. Para la década de 2010, ese tiempo se redujo a unos 75 segundos, y a principios de 2020 se fijó en unos 47 segundos.

En medio de la “cultura de la urgencia” y la “saturación digital”, algunos estudios citados por National Geographic, fechados en 2026, bajan esa cifra a 40 segundos como tiempo de duración promedio de la capacidad de atención sostenida.

Para Mark, ese cambio frecuente de atención conlleva un costo cognitivo. “Cuando las personas cambian de atención, y especialmente cuando lo hacen con bastante rapidez, como indican los datos, tienden a cometer más errores“, explicó.

La atención a múltiples tareas y las distracciones continuas tienen costo cognitivo. Foto: Archivo Clarín

“No estamos utilizando las habilidades de reflexión, deliberación y memoria de trabajo”, agregó. Estar muy ocupados con varias cosas a la vez y progresar en las tareas que tenemos que realizar, no van de la mano.

“Les lleva más tiempo completar cualquier tarea que si la realizaran de forma secuencial, y el estrés aumenta porque el cambio constante también desvía el tipo de esfuerzo mental utilizado”, indicó.

¿Nuestro cerebro está cambiando en la era digital?

El artículo de Nature, firmado por David Adam, menciona que los estudios del mundo real, como el de Mark, son demasiado complejos para generar datos fiables sobre aspectos específicos del funcionamiento cerebral y el impacto en la neuroplasticidad.

Este cambio constante del entorno, propio de la era digital, pueda estar relacionado con un control ejecutivo más débil que podría tener implicaciones a largo plazo para el cerebro.

Mediante resonancias magnéticas (RM) y pruebas de comportamiento, hay algunos indicios de que personas con mayor volumen de materia gris obtienen mejores resultados en tareas que requieren mantener la concentración y resistir las distracciones.

Descubrir de forma fehaciente si la capacidad de controlar la atención se vincula con las diferencias estructurales en el cerebro, específicamente a la cantidad de materia gris en regiones de la corteza frontal, será tema de análisis de las futuras investigaciones.

Fuente: www.clarin.com

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